Mostrando entradas con la etiqueta Paro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paro. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de noviembre de 2012

INNECESARIEDADES


El tuyo debe de ser superficial e inútil y por eso mucha gente lo considera prescindible. Sin embargo, debe de haber cosas peores.

El otro día, cultivando tu intelecto para que alguien considere (cuando al sistema le parezca oportuno) que vales más que los demás, se planteó algo que no se te había pasado antes por la cabeza. Al parecer hay quien piensa que hay cosas que no deberían estudiarse porque no tienen ningún interés:

Y tú, ¿porqué enseñas geología en la universidad, si eso no tiene ningún interés? 

El revuelo que se sucedió a semejante duda fue bastante notable. El contexto, una clase de alemán. Que ya me dirás que tendrá que ver el tocino con la velocidad. Supones que la misma persona que dice que “estudiar geología no sirve para nada”, no tendrá muy buena opinión sobre discutir durante varias horas sobre la conveniencia o no de usar un rojo al 100% o rebajarlo al 90%. Eso sí que debe de ser inútil, pensará. Así que te callas.

Una cosa es la crisis y otra, lo innecesario. ¿Qué pasa, que ahora sólo puedes dedicarte a algo imprescindible? ¿Qué se considera imprescindible? Porque en tu humilde opinión, todo el mundo es prescindible. ¿Para qué quieres estudiar idiomas si no tienes dinero para viajar? ¿Para qué quieres saber cómo construir casa si nadie te las va a comprar? ¿Para qué quieres saber cómo curar a la gente, si total todos nos vamos a morir? Vale, ahora te estás convirtiendo en la reina del drama. Es lo que tiene el paro, que empleas las jodidas 24 horas del día en pensar en cosas, redundantemente, innecesarias. Si alguien es feliz enseñando geología, déjale que sea feliz.

Volviendo al tema de la innecesaridad de la intensidad del rojo, lo bueno es que la vida de nadie depende de esa decisión. Como mucho, el humor de tu jefe. Pero, psé, eso tampoco va a quitarte el sueño. Ése ha sido tu concepto del trabajo desde siempre. Que es necesario para ALGUIEN, pero no imprescindible para TU vida ¿Qué mierda es esa de vivir colgado del teléfono, de llamar todos los días para comprobar que todas las piezas del puzle siguen en su sitio? ¿Eres acaso tú el pegamento? ¿Es el puzle de tu vida? Si alguna de las respuestas es no, chaval, respira hondo.

Hay cosas que se inventaron para angustiarnos, otras (las que más) no se inventaron: están ahí para disfrutar de ellas. Ésas son las que debería de valer, pero como somos tan estúpidos, nos empeñamos en buscarnos algo que nos haga infelices para sentirnos imprescindibles.

No puedo faltar un día más, me necesitan. Eh, tú, que cuando no existían los móviles el sol salía por el Este igual que ahora. Nadie le pegaba un toque desde el otro lado para recordarle que tenía que salir. Cuelga el maldito aparato y céntrate en lo que de verdad importa, en las cosas que sólo vas a tener una vez y que quizá, cuando tu teléfono ya no esté a la moda, hayan desaparecido

¿Y quién llamarás entonces? ¿Al 112? ¿Para qué?

Quizá ya no haya nadie para cogértelo. Y el rojo seguirá siendo rojo.

Natalia Pérez Cameo, Zaragoza, Noviembre 2012




domingo, 30 de septiembre de 2012

EL OTOÑO DEL PP


Chaná chaná chananananáááááá. No. Siguen sin gustarte las gaviotas. Y no, no has decidido meterte donde no te llaman. Estás metida donde no te ha quedado otro remedio.


Mamá, este otoño he pensado que me voy a afiliar al PP. No vamos a entrar en reacciones.



El caso es que, lo mires por donde lo mires, ha sido un mes realmente cojonudo. El PP, a veces, es una pasada. Vale sí, hay otras cosas que han ayudado, pero chsst, que eso no le importa a nadie. Coges un bolígrafo y haces memoria a ver a ver, qué he hecho yo de interesante últimamente. Para empezar, hacer y deshacer maletas, que suele ser un ejercicio que tonifica todos los músculos del cuerpo y alguno del alma; gastas agua, detergente, tiempo, paciencia y  energía. Aprovechas para discutir con alguien y más o menos (pero solo más o menos) mantiene la mente ocupada.



Por lo demás, has maquillado el currículum, el portfolio y has desarrollado la inútil, banal y pútrida actividad de imaginarte ejerciendo el trabajo de tus sueños. O lo que es más inútil, banal y pútrido: te has imaginado haciendo todas esas cosas que el trabajo te permitiría hacer. Lo bueno del PP es que te deja pensar. Alabado sea el pensamiento, que muchas veces no sirve más que para fastidiarla.



Te pasó una cosa que podríamos llamar graciosa. Sonó el teléfono y una voz muy amable al otro lado te dijo que te llamaban de esa empresa X a la que mandaste el currículum, que quieren conocerte. Y allá que vas, como Madonna, touched like the first time. Todo muy correcto y muy ético, el protocolo ya nos lo conocemos. Lo malo es que después de un tiempo cómo decirlo, mm, acomodada, se te había olvidado algo.



¿Sabes qué pasa? Que estamos buscando a alguien un poco más mayor, tú solo tienes veintiséis.



Alto ahí, chaval. A día de hoy (agosto de 2012), sólo son veinticuatro.



Ya, bueno, pero claro, eres muy joven…



Bueno, es que eso sólo se soluciona de una manera. Llámame dentro de cinco años. Tendré cinco más que ahora, pero a lo mejor no estoy dispuesta a dejarlo todo para hacerte caso a ti.



(Silencio) Bueno, supongo que aunque tienes poca experiencia lo que sí que tienes son ganas no, ¿no?



Ahí te callas y cedes. Vale, sí, tienes ganas. Ganas de hacer millones de cosas que “el trabajo de tu vida” (o cualquiera) te permitirán hacer. Detestas esa piedra en el zapato, la piedra de la edad. La has detestado siempre y siempre te acompañará, cada uno con su lastre. Dicen que las cosas están duras, que el que paga se ha vuelto más exigente. ¿Significa eso que tú no tienes que serlo? Llevas unas semanas dándole vueltas a ese tema. Una cosa es que haya poco donde elegir y otra muy diferente que vayas a vender tu trasero al primero que te silbe. Vamos, mujer, que nunca has sido una chica fácil, no te hagas esto ahora.



No tiene nada que ver con haberse afiliado al Puto Paro.



Natalia Pérez Cameo, Zaragoza, Septiembre 2012