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domingo, 31 de marzo de 2013
TERCER NÚMERO DE LA REVISTA
Aquí os dejamos el tercer número impreso de la revista. Desde este enlace podréis descargarla cuantas veces queráis.
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Una Nueva Escoria
martes, 30 de octubre de 2012
NO ME TOQUES LOS PROYECTOS
Hace poco leí un tweet de un buen
amigo y compañero de clase que decía: “Si deseas entablar conmigo una
conversación amistosa, pregúntame sobre el Proyecto Fin de Carrera y así podre
PARTIRTELASPIERNASHIJOPUTA.”
Pues bien, al leerlo me di cuenta
de que su tweet definía perfectamente mi situación, y la de una parte de mis
compañeros de promoción. Situación que no todos comprenden, y por tanto son
incapaces de conocer nuestro estado estudiantil sin enojarnos con sus
preguntas.
Me refiero a aquellos que estamos
realizaremos el Trabajo Fin de Grado en nuestro quinto año. Pues bien, sobre
esta especie humana les voy a hablar y trataré de darles unos pequeños consejos
para conseguir mantener una conversación agradable y coloquial con ellos, sin
sufrir ningún tipo de agresión física por su parte.
Consejo Nº1: No han acabado la carrera. Cuándo ustedes le pregunten a un estudiante que qué tal le va, y
su respuesta sea: “Bien, bueno, me queda un curso todavía para hacer el
Proyecto”, no es nada aconsejable responderle con un típico: “Ah, bueno,
entonces ya has acabado la carrera.” ¡ERROR! No, no y no. Por favor,
absténganse de hacer ese tipo de comentarios.
Probablemente lo digan con la mejor intención del mundo, y con el fin de
elogiar al estudiante en cuestión. Pues nada más lejos de la realidad. El
proyecto forma parte de la carrera. Si no fuese así, ¿creen que lo harían?.
Acabar la carrera significa buscar trabajo, buscar trabajo ahora significa no
encontrarlo, no encontrarlo significa seguir viviendo en casa paternal, seguir
viviendo allí significa replantearse su existencia en este mundo, y
replantearse su existencia significa percatarse de que son un cero a la
izquierda en este sistema. Así que NO. No hemos acabado la carrera, gracias.
Este consejo se lo dedico especialmente a tíos, vecinos, amigos de padres y
padrinos.
Consejo Nº2: Si no han empezado todavía no es (del todo) por que
no quieran hacerlo. Cierto es que probablemente su
verano se alargase sin saber muy bien como hasta principios de octubre. E
incluso si el ser en cuestión estudia en Zaragoza, decidiera posponer el inicio
del curso hasta “después de Pilares”. (No es pecado que esto ocurra). Pues
bien, pese a ello les comunico que en la universidad no hay una ventanilla en
la que ponga: “Aquí te ofrecemos tu Trabajo Fin de Grado”. No. Buscar un buen
Trabajo, que les guste y resulte interesante para su formación no es moco de
pavo. Los que se vuelven locos buscándolo, son ellos. Los que pasan mañanas y
mañanas de despacho en despacho de posibles coordinadores de proyecto, son
ellos. Los que de repente no saben que va a ser de su vida, son ellos también.
Así que por favor, no les agobien. Les aviso, no les pregunten cuando van a empezar
a hacer su proyecto, son muy sensibles e incluso bipolares. Podrían echarse a
llorar cual bebé sin juguete, gritarles o incluso sumergirse en una carcajada
infinita que les lleve a la locura máxima. Este consejo, esta claramente
dirigido a padres, madres o tutores legales (e incluso algún que otro hermano
mayor).
Consejo Nº3: Ya saben que los idiomas son importantes. Probablemente, cuando usted se encuentra con uno de estos seres,
decide que lo mejor que puede hace es darle algún tipo de consejo (esto creo
que sucede por la cara de incomprensión, inestabilidad, e incertidumbre que
estos humanos suelen mostrar). El consejo comúnmente repetido por todos ustedes suele ser el siguiente: “A bueno, pues ahora que tienes tiempo deberías sacarte
el First y estudiar alemán”. Lo de que “ahora tienen tiempo” es muy relativo,
así que no se atrevan a sacar esa conclusión tan gratuita sobre estos seres. Y
lo de que “deberían sacarse el First y estudiar alemán” YA LO SABEN. Saben
perfectamente que les será muy difícil encontrar trabajo en un futuro, pero más
todavía sin idiomas. Lamentablemente, la especie de la que hablo se ha criado
en un sistema educativo en el que el nivel adquirido en idiomas en la enseñanza
pública es ridículo, siendo infinitamente superior el nivel que se les exige
actualmente en el mundo laboral. Un poco de comprensión por favor. No es fácil
para ellos. El público al que va dirigido este consejo es el mismo que el del
consejo número 2.
Consejo Nº4: No les pida muchos detalles sobre la temática de su
proyecto. En algunos casos, se puede observar que
este tipo de humanos se encuentra realizando un proyecto con una temática un
tanto compleja, en ocasiones difícilmente entendible para el resto de seres humanos.
Por ello, es altamente aconsejable no preguntar. Y más aún cuando el que
realiza la pregunta, no tiene muchas ganas de utilizar lo que vulgarmente es
conocido como “cerebro”, para tratar de no sacar conclusiones absurdas y
ridículas sobre el tema de su proyecto que posteriormente transmitirá de boca
en boca, convirtiendo el título de su proyecto en algo como “Inventar cosicas
para chiquillos”. Esta situación suele darse sobretodo en familias numerosas en
las que las noticias vuelan y cada miembro tergiversa aún más la realidad.
Consejo Nº5: Y sobre todo no pregunten en que fecha lo presentarán. Teniendo en cuenta el consejo número 2, espero que este último
consejo resulte obvio para el lector.
Deseo de todo corazón que estos
cinco consejos les sirva para establecer una agradable conversación con este
tipo de seres humanos. Seguramente, exista algún que otro detalle que se me
escape sobre esta especie. Pero a poco que los vayan conociendo, si prestan atención y tienen paciencia, aprenderán a tratar con ellos.
Isabel Jiménez Polanco, Zaragoza,
Octubre 2012
lunes, 15 de octubre de 2012
LOTERÍA NACIONAL. UN OBJETO DE DESEO
Bien
es sabido por todos que este año se celebra el bicentenario de la Constitución de Cádiz de
1812. Sin embargo, pocos saben que tan solo quince días antes de la
proclamación de “La Pepa”, tuvo lugar en la misma ciudad el primer sorteo de la
Lotería Nacional tal y como la conocemos hoy en día.
En sus doscientos años de vida, el décimo de
lotería ha evolucionado paulatinamente manteniendo esa esencia que le ha llevado
a convertirse en un objeto de deseo para muchos coleccionista. Tal es así, que
si el lector desconfía de mis palabras, le invito a que se deje caer una mañana
de domingo por las cercanías del Campus Universitario de la ciudad de Zaragoza
para comprobarlo.
Si hoy en día usted fuera a comprar un décimo de
Lotería Nacional a cualquier administración, y lo comparase con el primer
décimo que salió a la venta en 1812, se percataría de sus notables diferencias
tanto en la apariencia visual como en su precio.
Diez
reales fue el precio que tuvieron que pagar los ciudadanos de aquella época por
adquirir un décimo por el que hoy en día muchos pagarían cantidades
inimaginables. El coste que el cliente debe abonar para poseer uno de los miles
de números que entran en el bombo, ha evolucionado a lo largo del tiempo. Sin
embargo, bien podríamos decir que el precio actual no es propio de los tiempos
en los que vivimos. La ilusión se paga cara.
No
obstante, para muchos el décimo comienza a cobrar importancia una vez pasado el
sorteo. Es más, su valor es proporcional al tiempo que ha pasado desde el
sorteo en el que tenía validez alguna.
Su
apariencia visual, su diseño, su tacto e incluso su tamaño, son algunas de las
características que le dotan a este pequeño “trozo de papel” de un valor económico
y sobre todo emocional.
Las
técnicas de impresión propias de cada época, son las principales responsables de
la apariencia de estos objetos. El
décimo más antiguo está impreso en un papel amarillento sobre el que solo se
plasmaron elementos decorativos típicos, y los caracteres necesarios a modo
descriptivo informando del sorteo y del
número correspondiente que su poseedor jugaría. Por supuesto, todo ello en
tinta negra. Aunque no siempre ha sido así, actualmente, se emplea el mismo
color de tinta que se utilizaba en su inicio, para indicar la información
verdaderamente “importante” para el jugador.
No
será antes de 1950 cuando se empiece a incluir imágenes con distintos motivos a
los décimos de lotería. Dichas imágenes, varían de un sorteo a otro y siempre
tienen un significado especial (deportes, esculturas, fechas significativas…).
Ese fue el momento en el que muchos de los coleccionistas hicieron hueco en sus
cajones para los décimos de lotería nacional.
Los
clientes con una cierta edad, los de siempre, los de toda la vida, tendrán la
sensación de que el décimo se ha estancado. Su apariencia apenas ha
evolucionado en las dos últimas décadas (desde 1991). Esto podría llevarnos a
pensar que existe una clara despreocupación por el aspecto de los billetes. O
que hace veinte años se interesaban más por lo visual. Pues no. La verdadera
razón no es más que la falsificación. Antes de que se incorporasen los códigos
de barras, había auténticos especialistas capaces de falsificar los números del
décimo. Por ello, existía una continua preocupación por conseguir diseñar una
tipografía incapaz de falsear. Una preocupación que a los ojos de un amante de
lo gráfico resultaba excitante. Una preocupación que se ha perdido, y con ella
la creatividad en el mundo de las loterías.
Llevan
veinte años con el mismo décimo, veinte años chafando la emoción y la ilusión
de gran parte de los coleccionistas en los que me incluyo. El cambio es lo que
muchas veces da valor a las cosas. Si su tipografía, composición, color o tacto
cambiasen, nos alegraría la vista a muchos. Y probablemente, empezaríamos a
mirar con ojos de deseo, admiración y melancolía, a los horrorosos décimos que
hoy están colgados en la ventanilla de la lotería del barrio.
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