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lunes, 3 de diciembre de 2012

VUELVE A SER LUNES


Vuelve a ser lunes, y como todos los días, me levanto a las 9:30, desayuno, y me dispongo a “expandirme” por el mundo laboral. Aunque sinceramente conforme pasan las semanas te bajas más el listón, así como pierdes las ganas de trabajar de algo que te gusta.

Una rutina normal es: poner un disco de Tyler the creator (o similar), sentarte frente al ordenador, reventarte infojobs, la base de trabajo de la EINA (que como todos tengamos que acogernos a ella, vamos buenos…), mirar que hacen por el CADI o el DINA, buscar empresas que hagan el noble trabajo del diseño (pocas), y conforme pasan los días, otras empresas que no lo practican tanto.

A todo esto hay que sumar: un buen portfolio, en pdf, para imprimir o mandar por correo, de poco espacio, conciso pero sin abrumar, que tengas subido a internet (fácil no?). Luego llega el tema del CV. Porque también tienes que tener CV, pero no un CV cualquiera, uno de diseñador. Curradísimo, que se vea que eres serio pero creativo, fresco pero no despendolado, ni muy largo ni muy corto. Un CV de esos que ya para elegir la fuente que usarás en el te pegas dos horas largas.

Luego como no tienes nada mejor que hacer agarras y mandas 6 CV por correo, 4 CV por carta, te presentas en algunas que no has conseguido ni su dirección ni su correo, te sientas y a esperar que caigan las ofertas millonarias. Frente a esto sinceramente, yo me “alegro” cuando la empresa te contesta diciéndote que “desgraciadamente no tienen trabajo suficiente”. Porque eso quiere decir que un tipo se ha leído tus cosas, no sólo eso, te ha contestado. Cuando llevas una temporada dentro de la rutina de buscar trabajo acaba transformándose en motivo de celebración porque ya no tengo que estar esperando ese correo que nunca llega.

Cuando acabé la carrera me decían “esta difícil la cosa eeeh” y yo contestaba “si ya, pero creo que sacare algo guapo, soy ingeniero (risas)”, agarrándome a que tenía una nota buena de TFG y una media de la carrera bastante buena. Además los profesores te decían que valías, veías que tu trabajo podía tener un uso y un beneficio para mucha gente. Eso luego parece ser que importa más bien poco.

Con todo esto he sacado la conclusión de que hay unas barreras que te dificultan el avance hacia tu ansiado trabajo de ensueño. Ese con paredes blancas, espacios abiertos, sala de juegos, y todo este tipo de parafernalias rollo Google. Llegados aquí creo que todos ya sabréis cuales son, pero bueno, os las cuento:

1º_ Sin experiencia laboral?:

            La pescadilla que se muerde la cola: soy joven, ya graduado, con ideas nuevas, pero no me contratas porque no tengo experiencia. Cómo quiere el mundo que tengamos experiencia, si nadie nos da ese primer voto de confianza? Te pones a filtrar las ofertas de trabajo, y el 95% requieren mínimo 2 años de experiencia.

2º_ El hijo de Menganito:

Siempre ha habido y siempre habrá enchufe, esto es así. Tu sabes que eres mejor que otro, pero ese otro es familia o algo así del que te tiene que contratar, pues amigo, estas jodido. No te des mal, al principio te joderá, pero en un año creo que les joderá más a los de la empresa que contrató a un chimpancé en vez de a ti :D

3º_ Nunca manejas el software acertado:

Creo que somos la titulación que más frikeamos con software de 3D, diseño gráfico y cosas así, que manejas 10 programas chungos de forma fluida, pues la mayoría de tus ofertas serán relacionadas con otros software. Yo personalmente me lo estudio también, total, por otro más no pasa nada, y aprendes cosas nuevas.

4º_ Idiomas:

Hace 6 años, quién estudiaba alemán, o quién te pedía alemán en el trabajo? Ahora es una moda el pedir alemán, y lo jodido es que todos pensamos “jodeeeer tengo que estudiar alemán eeeeh”. Creo que al final tendré que morir al palo de aprender algo, o por lo menos saber decir “me da una moneda?”….
De inglés no hablamos, porque entendemos que todos tenemos un nivel digno de un nativo londinense (risas).

5º_ Crisis:

Es la barrera más grande, creo yo, porque la gente no se la juega a invertir ahora. Se quedan tal y como está, recortan lo que pueden como nuestro noble presidente del gobierno, y a esperar que la mierda no les salpique, cuando lo que deberían hacer sería invertir en innovación y maneras de atraer al usuario. Quieren salir de la crisis con productos de hace dos quinquenios, cuando la ley de vida es renovarse o morir…

6º_ Vergüenza a llamar a la puerta:

Aquí me incluyo también, nos da vergüenza llamar a la puerta de las empresas, directamente, y echarle morro y si puedes hablar con el que está más arriba, lo haces. Así muestras un interés especial por la empresa, y ven que eres un tipo con personalidad, que no se limita a mandar correos mendigando trabajo y se sienta a esperar.

7º_ Inocencia:

Somos, o bueno, soy mas inocente que un huevo frito. Te piden presupuesto para algún trabajo, les dices 5, y te contestan “4? Para que quieres 3 si con 2 ya vale! Anda toma 1 y me traes las vueltas”, y tu te achantas y dices, vale pues lo hago y si quieres aun te pago y todo…
Da igual lo que te digan, tu haces un trabajo, que tiene que estar remunerado como es debido. A un médico no se le regatea, a nosotros tampoco. Y si dicen que lo pueden hacer ellos también? Vale, que lo hagan ellos, y que comparen un trabajo con otro.


Aun con todo, yo sigo teniendo esperanza en encontrar un trabajo decente, y por lo pronto, sigo con mis listas de reproducción planeando mi salto a la vida laboral.


Sergio Jericó, Zaragoza, Diciembre 2012


sábado, 14 de abril de 2012

CRÓNICAS DEL HERALDO DE ARAGON, REFLEXIONES DE UN DISEÑADOR


Era un viernes como otro cualquiera. La alarma del móvil me despertaba, y al apagarla vi que tenía un correo diciendo que me habían dado la beca. El día empezaba bien y yo pensaba “que maja la universidad y el ministerio que me ayudan a sacarme la carrera, que cagada que mi familia tenga que ser ayudada por el estado para que estudie”.
El día transcurría tranquilo: comprar madera para hace una maqueta para una exposición de mi amada carrera, Diseño Industrial, comer y bajar a tomar un café al bar.
Hice lo de siempre, cortado con hielo, terraza, cigarro, y Heraldo de Aragón. Aquí ya el día dejo de ser tan genial cuando vi un artículo acerca de nuestra carrera, un articulo algo desprestigioso y que no me sentó muy bien.

Resumiendo, este articulo hablaba de que era una titulación con gran número de trabajos prácticos, que se proponía a los docentes vigilar al máximo estas tareas, que se habían dado casos de copia, plagio, suplantación de identidad o de contrataciones externas, que era una metodología nueva y que daba algún problema.
En esto último me empece a enojar algo, pero siguiendo leyendo llamaban a la reflexión a que gran número de los alumnos superaban las asignaturas con relativa “facilidad”, aquí ya me hizo gracia el asunto. 
Parecía como que tenía que suspender gente para que las cosas fueran bien, que los ingenieros, como ingenieros que son, sufrieran, mendigaran y se pegaran una década para sacar su ansiada carrera, cosa que en D.I. no se da tan abrumántemente, y que parece que molesta.

Con todo esto, he recapacitado algo: ¿Qué soy? ¿Cómo me veo ahora que ya se como me ven?
Soy de la primera promoción de grado, me he tenido que comer marrones, follones de secretaría y organización de asignaturas, he sido un conejillo de indias, una rana de laboratorio, forzado en cada asignatura para ver cual era el tope que se debía fijar para generaciones posteriores, y no me he quejado tan apenas. Y a pesar de todo esto, ahora vienen, recalcan la acción indebida de algunas personas (porque en todas familias cuecen habas) y lo generalizan a una titulación entera, desprestigíandonos, pareciendo ser unos mafiosos en versión pocket.

Me venden como un individuo que se ha sacado la carrera pagando de bajo mano y trapicheando trabajos, pero en realidad, me estoy sacando la carrera currando todos los días, siendo constante (porque los trabajos son continuos, siempre tienes algo que hacer), yendo a clase, yendo a prácticas, intoxicándome a café, acompañándolo de palizas frente al ordenador y noches sin dormir, viendo un bonito amanecer mientras pasas a PDF el ansiado proyecto recién salido de InDesign.

Soy ese tipo de estudiante que hace de esponja con la información, saca conclusiones, lo sabe plasmar en un producto que expresa algo y que tiene una finalidad y una funcionalidad, pero que pasa sudores y lágrimas para explicarle a sus amigos QUÉ estudia, que no es considerado como un ingeniero de verdad porque no tiene el culo pelado de memorizar fórmulas que tras el examen olvida, que lleva carpetas grandes, dibuja por los pasillos, es algo rarito y su ropa es algo extravagante. No se, como que están los ingenieros, y luego Diseño Industrial,  esa carrera que no sabemos donde meterla, que saben de todo pero no saben de nada, que lo mismo te planchan un huevo que te fríen una camiseta.

Pero ante todo, soy una persona honrada, que no necesita que un periódico le busque las cosquillas porque cuatro gatos hayan hecho algo no debido, que está aprendiendo un oficio, pero que sobre todo está descubriendo que el trabajo en equipo es mejor que el individualismo empedernido de algunos, y que también está haciendo amistades y colaborando en proyectos y eventos, esforzándose por promover esta nuestra carrera, luchando por hacerse un hueco y ser tratado como uno más en el futuro mundo laboral.

Si ellos sacan las carencias de los estudiantes, también deberían saber las carencias que denuncia un estudiante, no?

Se debería prestar más atención a definir un marco normativo sólido, sin vacíos, sin preguntas sin responder, y sin cabos sin atar que pagamos nosotros, los futuros diseñadores industriales, como ahora estamos sufriendo algunos con nuestros TFG, que estamos desarrollándolos sin saber como los vamos a presentar de aquí a 3 meses.

Se debería prestar más atención a la infraestructura y al equipamiento. Nuestro campus es de lo mejor de Zaragoza, si, pero no puedes asistir a asignaturas donde te enseñan a usar un software, el cual tienes que sacar de un forma “indecente”, que en estas clases pierdas 20 minutos esperando a que el “ordenador” que te habilitan cargue ese software, o que tengas que hacer tus maquetas en tu casa con tus materiales y tus herramientas porque el taller es algo limitado, pequeño, y de horarios reducidos, o simplemente, no hay nadie a cargo.

Si se publican unas pestes, que se publiquen otras pestes.

Con esto no estoy lanzando piedras ni puñales a otras personas u organizaciones, solo digo que en todos los sitios hay gente que copia,plagia o hace lo que le viene en gana, que no es algo que solo se da en nuestra carrera (y que, sinceramente, cuestiono, porque si algo tenemos, es calidad en nuestros proyectos) y que, si rajan de una parte, que son los estudiantes, que rajen también de otras carencias que nos hemos tenido que comer y que hemos callado.

Una vez más, el escudo que aparece en nuestra Orla Paralela, plasma perfectamente las penurias y los sufrimientos que pasamos, pero con una sonrisa y con suficiente fuerza como para aun encima querer expandir esta bonita profesión.

Esto es una opinión estrictamente personal, pero me he quedado agustísimo.


Sergio Jericó, Zaragoza, Abril 2012







jueves, 29 de diciembre de 2011

Y tú eres


No llegues tarde. Te lo han dicho tantas y tantísimas veces que ahora que llegas tarde sientes ganas de escupir. Mierda. Pero dado que nadie está contigo, nadie lo sabe.

No te vistas de cualquier manera. ¿Cualquier manera? ¿Qué es cualquier manera? No sé vosotros, pero yo sólo tengo dos maneras de vestirme: la buena y la mala. La mala es para bajar a comprar el pan, para ir a trabajar, para ir a clase o para meterme en los bares a hacerle gasto al sector hostelero (y no poco). La buena es para las bodas, los bautizos, las cenas de chicas y las noches con mi novio. Asumamos mis singularidades como plural mayestático y hablemos de tú a tú: te has vestido como te ha dado la gana. A saber: zapatos limpios, medias sin carreras, un vestido ni corto ni largo y la raya del ojo bien hecha. Si te va a recibir una mujer, no debe pensar que vas pidiendo guerra, en cuyo caso se sentirá intimidada o escandalizada. Si te recibe un hombre, hazte un favor y que lo primero que te vea esté por encima del cuello, gracias.

Entras en el edificio con todo tu aplomo, haciendo hincapié con el talón, de manera que resuena un poco más. Es para dar efecto, básicamente. Hay un hombre detrás de un mostrador, un tipo con visera y uniforme gris. Tiene bolsas bajo los ojos y podría ser tu abuelo.

-Buenos días.

-Buenos días-aquí se te afloja la voz, se te humedece el ojo (la raya negra se difumina, mierda, piensas), carraspeas y parece un pimpín en un bache hormonal-vengo a una entrevista.

-Ah-al tío le da igual, obviamente. Excusa decirte que hace media hora vino quizá una más alta que tú, ayer un chico que tiene tres carreras y mañana vendrá el sobrino de la secretaria, que a pesar de no haber terminado los estudios, será la persona que contraten.

Te metes en el ascensor, te peinas un poco, te estiras la falda y te arrancas un pellejo en un dedo. Antes de salir te miras a ti misma en el espejo por encima del hombro, igual que te gustaría mirar al niñato que te dejaba en ridículo en la universidad, y vuelves a taconear en el rellano. Señoras y señores, con ustedes…

Menos mal que no apostaste nada: te recibe una chica. Simpática, de sonrisa ancha, bien vestida pero con bastante precisión: lleva los zapatos, los pendientes y el broche de la camisa del mismo color. Casualmente, es el color corporativo. Tus zapatos son del color complementario. Quizá todavía tengas una oportunidad.

Después de estrecharte la mano, llevarte a una salita con una mesa enorme y preguntarte si quieres algo, se marcha “un segundo”. Ahora bien, lo primero que haces es lo más básico: buscar un espejo. Si hay un espejo quizá al otro lado esté el director general observándote. Si no lo hay, tienes que buscar una cámara oculta. Pero ten en cuenta que, en el caso de que la haya, no tiene que notarse que la buscas. Ergo, lo dado es que te estés quieta, muy quieta. Puedes mover los ojos, nada más.

La chica vuelve.

Se sienta, coge una libreta y un bolígrafo, coge el currículum que hay encima de la mesa (¡caramba! Es el tuyo) y lo deja a un lado.

Es por si tiene dudas, te dices.

La chica te cuenta su rollo: yo tenía una granja en África, érase una vez, en un lugar muy muy lejano. Blablá. Tú no te distraes un segundo, bebes cada palabra como si te fueras a morir, le miras las manos, la peca de la nariz, te fijas en cómo se le tuerce la sonrisa, detectas que se está fijando en tus gafas y no en tus ojos y, a la vez que haces todo esto, sudas.

Entonces, cuando todo parece casi casi hasta real, la chica coge de nuevo tu currículum, hace como que lo lee y entonces repara en una línea que debería ser lo más importante de todo: Campo profesional: diseño industrial.

Aquí la chica arruga los labios como si fuera un conejillo, entorna los ojos y parpadea. Hace como que vuelve a leer la frase, la primera frase de tu fantástico y formidable currículum vitae (Campo profesional: diseño industrial) y la certeza cae sobre ti cuando se atreve a preguntar con más miedo que tú:

-Pero tú… ¿qué eres?