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domingo, 21 de julio de 2013

Álbumes. Kyuss – Blues for the Red Sun (1992) I (*)




(*) Primera parte que se relacionará con el álbum del siguiente mes

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Visiones del sudor perdido. Polvo rojo. El esfuerzo inútil de la carrera sin horizonte. A la derecha la recriminación de alfuien. Atrás, sus labios. El dios de la furia hecho carne, volando lo suficientemente alto como para tapar el cielo y ocultar a un sol que sólo puede cruzar a través de sus poros, dándole un color especial e ingrato. Correr
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Caadae vez que habla dos voces salen de la boca un eco a ambos lados, comprimiéndome, ¿quién está ahí? en diferentes tonos, a veces conversando, otras contradiciéndose o ignorantes. Una lengua da vueltas sobre su eje mientras vomita algo que fue saliva, incapaz de hablar sin dientes. ¿Eres tú es por ti por quien estoy aquí en este desierto? Hoy es tan mañana como ayer, salvo por la figura que hay enfrente te he estado esperando justo a tiempo qué bien hueles, por qué no puedo salir? inténtalo y comprobarás que no hay un más allá aunque estemos en la distorsión  seseguro que no estamos encerrados fuera?, una serpiente-lagardo de cara cambiante y verrugas que se transforman en caras aún peores, entrando ganas de vomitar de placer. “Eresss un cliché” dijo, entonces supo que no soy yo tío  tú debes ser yo ante ellos aparece el surco de una noche estrellada a medida que el coche descapotable nefro azulado persigue a un cielo que se actualizada a cada instante impreciso, como si la tarjeta gráfica no tuviera la suficiente potencia para procesar el futuro, dejando margen a la sorpresa sácamedeaquí porfavor te pagaré lo-que-sea. Algo de viento, dos o tres ráfagas escasas, elevan el morro del automóvil con un ángulo indetectable para los faros. Las señales aparecen y desaparecen no tanto por la velocidad aguanta un segundo eterno y el miedo, tu primer enemigo, se desvanecerá como pr un juego óptico pero después deberás enfrentarte contra el conocimiento, luego llegará el poder y, por último, la vejez y en una desviación hay un casi asesinato, un casi accidente que no ha llegado a su orgasmo pero yo no quería nada de esto no era mi intención llegar tan lejos me conformaba con un momento de descanso sin ningún deseo o por fin realizando cosas imposibles que ya jamás haré no sé qué estoy no sé yo sólo querré amar y en cambio morí aunque el amarillo desteñido sugiere gotas de sangre tan repartidas que no coagulan en tu balbuceo dejas de ser consciente y consigues verbalizar palabras que no controlas. En efecto, el amor es transformación irreversible, no un simple cambio temporal, por ello el amor no se contrapone al odio como dos caras de la misma moneda sino que lo hace con la muerte. La vida repta a modo de axioma indemostrable que permite el sistema.  La carretera da paso a un pequeño pueblo que conduce a otra, o la misma, carretera. Otro pueblo y más carretera. Se intercalan sin ningún enlace, de manera despegada, ¿en qué parte de mi mente estamos entonces? no hay afecto. Uno y otro con sus propios movimientos pero planos estaticos entre sí. Un pueblito más olvídate de tu subconsciente, atiende a la exterioridad y la continua descomposición de las subjetividades. Ni siquiera allí hay rastro de vida más allá un par de maniquís entre las cortinas de las ventanas que dan al parking para así alcanzar una objetividad que nada tiene que ver con la que solías comprender ni reducible a la razón o a la irracionalidad. Mira: Cabalgando un caballo salvaje en un escenario desnudo –esto hace que el intento de agacharse a la carrera para que los dedos toquen la naturaleza brava sea en vano cómo has hecho eso inténtalo Una linterna ilumina una habitacion. Los barrotes sucios borran la visión completa de pósteres pornográficos cerca de un colchón. La luz faya. Golpes de la linterna contra la pared. La luz vuelve a iluminar unas paredes acolchadas. Gritos sólo puedo crear cárceles frente a tus espacios abiertos. El ruido de una bombilla al romperse deja a oscuras todo. Una explosión de luz todas las representaciones son cierres, hasta que no olvidar seguiremos en lo mismo. El blanco se extiende hasta que las máquinas en serie vuelven a funcionar de manera ruidosa. La cinta transportadora yeva miembros cercenados y chatarra reconstruida hasta un agugero en el suelo no puedo evitar que el narrador tenga errores gramaticales es eso objetividad? Caen en camillas que se dirigen a diferentes salas de operaciones te equivocas, ni él es la objetividad ni depende de ti. No sigas la dirección hacia abajo. Tampoco hacia arriba. Destrúyelas

            percibir las diferencias en lo mismo como primer paso para tocar el Sentido pasó por comprender las diferencias entre lo ínfimo y lo infame. En este caso las de una vida ínfima, muerta, sin alicientes, y otra infame, el mal convertido en estética, ensalzado al aproximarse desde fuera. De esta manera estoy creando algo completamente distinto a lo que percibo. Escribiendo en un portátil con una pantalla que solía hacer titubear a la luz, quedándose ciega un segundo de cada diez; sobre los trapos remendados de una mesita encontrada en la calle y bajo un disco de Kyuss sonando en unos altavoces distorsionados de hace más de veinte años pero todavía capaces de llenar esta minúscula habitación que escuchó inglés con acento nativo de Pensilvania, infectada de insectos demasiado torpes por su íntima relación con vasos llenos de alcohol olvidado; al mismo tiempo trastero y picadero de espejo en el techo y cama de sábanas sin lavar desde que se compraron, pintadas con semen acartonado de varios ADNs diferentes y vistas a un patio interior a través del cual viajan sonidos de chinos arreglando goteras, camadas de niños senegaleses chillando y peleando por cualquier juguete u okupas rumanos arreglando su casa, ignorante de lo que pasa en este lugar de paso entre la habitación iluminada pr las películas que se seguirán viendo con un proyector robado de la universidad y oscurecida por un cajón de madera empotrado en la pared, imposible de abrir como todo enigma, y la zona principal, lugar de reunión y jolgorio, ahora mismo habitada por dos trompetas, las de un amigo y su profesor, el hermano pequeño de otro amigo, enajenadas por ritmos erraticos que van desde guantanamera, la lambada, el himno del Barça, el israelí o el padrino, sólo parando para meter miedo a los chicos de cualquier color imaginable que acuden a dar mal a la puerta principal, queriendo que alguien les haga caso y poder pasar así otra tarde más en esta calle con nombre de país africano que arquitectónicamente más parece Sarajevo aunque en su entrada, donde una calle mayor rompe en dos, se transforme en la amenaza del western debido al edificio destartalado okupado por una familia gitana en pujna con otras que desean su espacio, a escasos metros del que fue el local ensayo de un emergente grupo de rock que me advertirá algún día que aquella “escritora” se estaba perdiendo en el peligro de las inevitables espirales al caer en el segundo enemigo, el conocimiento, provocará que la reducción de los personajes como inicio de la desintegración sin dualismos acabó en el núcleo del yo y sus cuestiones personales


Úrsula, Barcelona.

domingo, 17 de febrero de 2013

ESPACIOS HABITADOS Febrero Cambios (cambios) [cambios] ca


Me escapo por los tejados de los edificios de los demás sin “mientras ques”, esperando que esta ignorancia sobre lo que otros hagan me evite caer en los cepos de trampero y las verjas que se agolpan unas tras otras, evitando toda entrada o, en este caso, salto, a los hogares-intentos-de-urbanizaciones que progresivamente han transformado la geometría del distrito –al menos su área más holgada– en grupos de átomos o mónadas paranoicas rechazadoras de todo cuerpo extraño hacia una calle sin lugares de refugio que no exijan un pago, donde incluso el semi-público centro comercial homicida ha sido enterrado por la compra online, dando como resultado una serie paradójica en la que la calle pasa a ser sinónimo de espacio no cubierto, sin techo, vagabundo sin posibilidad de errar capaz de certificar los cambios de este barrio que comenzó a encarcelarse durante la segunda guerra del golfo, cuando los comercios se actualizaron principalmente desde cuatro ejes –comida rápida, frutos secos, “todo a 100” y, el último temporalmente, tienda de ropa– con la peculiaridad de que, frente a la Era McDonalds, la del ya citado centro comercial, esta vez, bajo la difuminación del modelo franquicia, el negocio provenía de inmigrantes-esclavos manteniendo 24/7 el flujo constante monetario en perfil low cost, canalizando el excedente de deseo de los “grandes momentos”, los movimientos importantes, rellenando los huecos de un pop ahora dignificado; todo mediante una imitación refinada del Imperio en tanto ya no se necesitaba molestarnos –poder trabajar allí, mezclarnos con los trabajadores, preocuparse por los derechos laborales…– y, por ello, las vallas de los edificios no tenían que ver con una amenaza física sino, más bien, con un intento de no confundirse con lowers, asemejándose a un capitalismo como transacción constante en los hitos y no en sus sevenelevenslaves; a pesar de situarse en zonas “obreras” cortaban el acceso y lo convertían en algo selectivo de manera temporal y no espacial, esto es, del mismo modo que si antes alguien del barrio podía comprar dos Bs y tenía que esperar un tiempo para afrontar un A, ahora alguien podía comprar inmediatamente diez Cs provocando que este “tiempo espacial” se redujera drásticamente, desplazando el status quo anterior aunque fuera de manera artificial en la medida que no se aumentaba la capacidad adquisitiva; así también el bloque seguía siendo el mismo, incluso conservando idénticas fachadas, pero ahora se necesitaba más tiempo para acceder a éste, sedimentando los primeros ladrillos de nuestra actual situación, en la cual los espacios de exceso son ahora de cotidianidad –las Cs se convierten en Bs no por otro desplazamiento sino por un corte, una mutilación que disminuye la cadena– y el motor pasa a otros cuatro ejes principales –peluquerías étnicas, supermercados/fruterías/panaderías, compra de oro y casas de apuestas– que marcan la degradación del ritmo capitalista al instaurar una estructura de supervivencia en la que el flujo principal es exclusivamente de salida (vender las joyas, el lujo) y los nuevos espacios son de consumo básico (pan y agua) o están cifrados en la lógica del circuito cerrado (la peluquería, la belleza sin lujos, como retención del capital en nudos identitarios cuando no se puede derrochar), donde los únicos excesos dejan de ser directos para seguir una lógica trascendente (no se gasta en un coche sino en apostar por, acaso, poder comprarlo), de la misma manera que las verjas de los edificios ya no jerarquizan la calle, más bien nos dicen desde sus células de supervivencia que hay que dar un salto para que, quizás, la distancia entre unas y otras pueda volver a ser medida en pasos.

Sandra Martinez, Zaragoza, Febrero 2013




domingo, 18 de noviembre de 2012

NOVIEMBRE. ¿POR QUÉ DISEÑO?

Allá donde el término “objeto” puede ser intercambiado por “servicio”, “persona” o “sujeto” porque no interesan ninguno, hablando mudos, luchando por entrar en el útero fértil bajo la bala que quiere hacerse carne habitando en la muerte sus diferencias, sin comprender la misma relación que no polariza las paradojas; ahí aparece la terrorífica sensación común, unísona, que sospecha que algo erróneo sucede si estamos solos en un universo inconmensurable provocador del miedo ante una corriente de aire intentando paliarse al agarrar una navaja; esto es, situado/as en los espacios heterogéneos, cualitativos sin mayor medición que los lenguajes, arte mínimo, diseñar –relacionar– no pasa por capturar una hipotética visión global, cinismo-pesimismo-paranoia, sino por puentear esos saltos impredecibles emulando el juego entre democracia y corrupción, mucho más continuo e imperceptible que el de tiranía y castigo, pero con el objetivo de mantener aquello que nos puede definir como humanos una vez ya no hay esencias, la capacidad de indiferencia ante los deseos, diseñando sin proyectarlos sino más bien utilizándolos para ir a otro punto a través de ellos, movimiento no causal con la estructura del eco y su repetición diferente –lejos de la creación: novedad y genio– que permanece apagándose hasta el infinito a base de discontinuidades sólo sostenidas por una pasión que se ha vuelto impersonal, viva, inmortal y fugaz, en tanto se solapa y desmiente a la misma muerte recalcitrante que se cree reina sin interrogar al tiempo que está en juego, aquel que conspirando recupera un cierto afán utópico; presente como hogar sin necesidad de suelo en el que el futuro ya no funciona como cuello de botella, sino que se desdobla en dos espacios; aquel que recoge los egos, lejos, sabiendo que mañana ya no estará, y aquel que sólo puede experimentarse desde la misma ausencia, esperanza ahora sin nombre o, en otras palabras, recuperación de una fe en la que la repetición presente no puede decirnos nada acerca del mañana y las continuas rozaduras no implican más callos en miradas necesitadas de agua y no de objetos que, bajo la fórmula de lo nuevo, nos encierran en esa vejez prematura que no entiende de edades

Sandra Martínez, Zaragoza, Noviembre 2012


domingo, 8 de julio de 2012

ESPACIOS HABITADOS. Julio. Hasta Yagüe (túél y todos, y todas, sin ojos ya)

Lo que antes llamaba desierto ahora quiero, pretendo, que acuda, se recoja, ante el nombre de cicatriz; quizás mermando así la vida contenida entre la arena, cerrada now por postillas sin uñas liberadoras, sádicas, pero, al menos, con la capacidad de olvidar un mal absoluto, sin paliativos, sin dudas ni peros, ni Humano ni Religioso ni Estético; aquél que se intenta parar con la droga que le vi consumir y me traspasó, indiferente a sujetos o pronombres personales, pero siempre aislada, solipsista, intransferible en nuestra particular universalidad; esnifada, bebida, chupada, vista, tocada, fumada, oída, lamida, masticada, inyectada… en permutaciones dirigidas a unos órganos que expulsaron hace tiempo cualquiera de aquellos usos recreativos, ociosos, con mayor peso en relatos babosos que en una cotidianidad irreversible, erótica y mórbida, ante escrituras que jamás observaron el sonido de los pasos entrecortados que respiran, entre toses cada vez más débiles, sin pies, gritando los desplazamientos productores de regueros sin manchas desde que todo el aire es inhalado de, no hacia, pulmones indiferentes, sabedores de que un cuerpo zombie, el proletario y no el posmoderno, no necesita de sus servicios; ni de estas líneas, tampoco de tu sonrisa… ambas estamos a salvo pues lo único que devorará serán las partes vivas de su mundo, al no poder soportar que le señalen como a un Frankenstein cualquiera, al intuir que ha sido encerrado, sin voz para salir, en la prisión de la ficción, aquella brecha debajo de la multitud de ojos incapaces de expresar, o medicar, un sentido aceptable que no flote inútil sobre el agujero de la mirada sin espacio para preguntas como “¿qué es real?”, “¿quién es real?” o “¿quién soy yo?” ya que el balbuceo desgarra la misma lengua, sin la belleza de la metafísica locura, resistiendo únicamente lo indecible, la colección de “quién” reducidos a “qué”, siempre –probablemente– diferentes, tanto como los estados que se atraviesan a lo largo de un día continuamente comenzando, deseo de cama en el que estar a gusto con la ficción impuesta, pausa en la que encajan la depresión y la euforia, pero no nosotroas aunque sus palabras sean amables, tampoco nos interesa; reinicio sin esperanza ni conexión más allá de una horda acomunicativa, a la espera del tiro de gracia por parte de aquelloas que nos educaron en la salvación; quizás sus mismos cuerpos.


Sandra Martínez, Zaragoza, Julio 2012