Lo que antes llamaba desierto ahora quiero, pretendo, que acuda, se recoja, ante el nombre de cicatriz; quizás mermando así la vida contenida entre la arena, cerrada now por postillas sin uñas liberadoras, sádicas, pero, al menos, con la capacidad de olvidar un mal absoluto, sin paliativos, sin dudas ni peros, ni Humano ni Religioso ni Estético; aquél que se intenta parar con la droga que le vi consumir y me traspasó, indiferente a sujetos o pronombres personales, pero siempre aislada, solipsista, intransferible en nuestra particular universalidad; esnifada, bebida, chupada, vista, tocada, fumada, oída, lamida, masticada, inyectada… en permutaciones dirigidas a unos órganos que expulsaron hace tiempo cualquiera de aquellos usos recreativos, ociosos, con mayor peso en relatos babosos que en una cotidianidad irreversible, erótica y mórbida, ante escrituras que jamás observaron el sonido de los pasos entrecortados que respiran, entre toses cada vez más débiles, sin pies, gritando los desplazamientos productores de regueros sin manchas desde que todo el aire es inhalado de, no hacia, pulmones indiferentes, sabedores de que un cuerpo zombie, el proletario y no el posmoderno, no necesita de sus servicios; ni de estas líneas, tampoco de tu sonrisa… ambas estamos a salvo pues lo único que devorará serán las partes vivas de su mundo, al no poder soportar que le señalen como a un Frankenstein cualquiera, al intuir que ha sido encerrado, sin voz para salir, en la prisión de la ficción, aquella brecha debajo de la multitud de ojos incapaces de expresar, o medicar, un sentido aceptable que no flote inútil sobre el agujero de la mirada sin espacio para preguntas como “¿qué es real?”, “¿quién es real?” o “¿quién soy yo?” ya que el balbuceo desgarra la misma lengua, sin la belleza de la metafísica locura, resistiendo únicamente lo indecible, la colección de “quién” reducidos a “qué”, siempre –probablemente– diferentes, tanto como los estados que se atraviesan a lo largo de un día continuamente comenzando, deseo de cama en el que estar a gusto con la ficción impuesta, pausa en la que encajan la depresión y la euforia, pero no nosotroas aunque sus palabras sean amables, tampoco nos interesa; reinicio sin esperanza ni conexión más allá de una horda acomunicativa, a la espera del tiro de gracia por parte de aquelloas que nos educaron en la salvación; quizás sus mismos cuerpos.
Sandra Martínez, Zaragoza, Julio 2012
Mostrando entradas con la etiqueta realidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta realidad. Mostrar todas las entradas
domingo, 8 de julio de 2012
martes, 19 de junio de 2012
RETO DE LA SEMANA 02
Reto de Gabriel Jiménez
Situación:
Tu madre se va haciendo mayor y cada vez resultan más difíciles tareas que antes parecían fáciles. Ella jamás lo admitirá pero hay ciertas cosas rutinarias que pueden llegar a resultar peligrosas. Una de ellas es cambiar las cortinas, que por supuesto es una cosa que hay que hace regularme y tú no eres capaz de hacer exacta y precisamente como tiene que ser. Por mucho que ella se empeñe el equilibrio le falla algunas veces y dejar que se suba a una escalera a cierta altura, manipule las mismas y vuelva a bajar es cuanto menos curioso por no decir que puede tener un resultado grave.
Mi reto es el siguiente: ¿Cómo conseguir cambiar las cortinas de casa sin tener que subir o subirse a ciertas alturas? Evidentemente sin desgraciar a nadie en el intento
(Tenéis una foto de las susodichas cortinas más abajo)
Restricciones:
- Mi madre tiene que ser capaz de hacerlo.
- Hay una restricción de 5€ de presupuesto. Aunque parezca ilógico, para una persona mayor es mucho más viable (por razones que ahora mismo me es imposible entender) poner en peligro su integridad física que gastarse más de 5€
- Mi madre tiene que ser capaz de hacerlo (II): Esto quiere decir que si hay que construir algo tiene que ser perfectamente viable para una persona con escasa habilidad para las tareas a las que estamos acostumbrados nosotros.
Seréis capaces de idear algo que solucione semejante problema…
domingo, 17 de junio de 2012
Los reyes no son
Ahora que ya eres mayor, puedo decirte una cosa.
Realmente no te enteraste así. Quieres creer que la metáfora sobre el trío de reales divinidades lo descubriste por ti misma, que no te lo contó nadie. A pesar de esta pequeña diferencia, el resultado fue el mismo: ya nada volvió a ser igual. No podías mirar bajo el árbol y fingir indiferencia. No podías ir a la cabalgata del día 5 o leer folletos de juguetes sin torcer el gesto.
Digamos que esto es algo parecido. Ya sabías que había algo, que siempre siempre hay algo. Todos los escenarios tienen algo escondido detrás del telón. Todos los actores esconden tras su personaje otro tipo de realidad.
En tu condición de novata hay cosas que no se ven. Digamos que la falta de experiencia otorga dioptrías de las que no te desharás a no ser que alguien te cuente la verdad o la descubras por ti misma. Es decir, como pasó con la noche de reyes.
Resulta que ese señor de traje y ese otro no se pueden ni ver. Resulta que un día, resulta que un año, resulta qué. Y cuando promocionaron a Fulano, Mengano hizo vudú y luego vino un tercero y nada de lo dicho es cierto. De prometer al meter. Aquí paz y después gloria. Dios dijo hermanos pero no primos. Dos no discuten si uno no quiere.
Te quedas con la boca abierta. Yo esto no lo sabía. Cómo lo ibas a saber, si eres una pimpina. Ya, pero no me lo imaginaba.
Pues si tú supieras… La chica de la falda, la que baja. Pues esa. Dos veces. Eso dicen, yo no lo tengo tan claro. Baaahh, seguro que si, el de abajo lo vio. Cómo lo va a ver.
He oído decir, fíjate lo que te digo, qué.
Ahora, cada vez que pasan Fulano y Mengano haces como cuando viste El Sexto Sentido por segunda vez. Y te das cuenta. Coño, es verdad, no se miran. Luego baja la chica de la falda. Y se cruza con. Vuelves a mirar, de reojo. ¿Será verdad? No lo parece. Vete a saber, te dices. No te puedes creer ni la mitad. Tú, que habías pensado que no había nada más allá de lo que se ve, y eso que eres de las personas que sabe que SIEMPRE hay algo detrás.
Durante unos días estarás con la mosca tras la oreja, tanteando aquí y allá, a ver qué pasa, quién mira a quién, quién habla qué. Hasta que se te pase. Total, no merece la pena. Las comidillas no son sólo cosas de patio de vecinas, también lo son de mesas y despachos. Aunque la mitad sean probablemente dudosas.
Es la parte humana y cruel de las sociedades, sean de la naturaleza que sean. A veces, cuando te levantas al baño y la chica del fondo te mira, piensas ¿y qué pensarán de mí? ¿Qué se dirá el día que me vaya?
domingo, 12 de febrero de 2012
La voz
Estabas a lo tuyo, trabajando, concentrada en ti misma
y en nadie más. Uno de esos momentos en los que no hay más mundo más allá de
tus auriculares, el ritmo que marcas con el pie y el tamborileo de los dedos de
la mano izquierda sobre la mesa. En la derecha, el ratón, de aquí para allá
como una centella. Esto un milímetro más allá, aquello bloqueado, lo otro
delante de lo último, capa activa, capa bloqueada, y un montón de comandos que
te sabes de memoria y no sabes cómo.
De pronto, si lo hayas oído venir, ni siquiera en lo
más remoto de tu imaginación, escuchas una voz a tu izquierda.
-¿Qué estás haciendo?-la voz es áspera y seria, pero
aunque suena dura quieres pensar que es por imposición de galones, por
contrato. Una de esas voces que si te la cruzaras en el ascensor te preguntaría
por el tiempo con una sonrisa. Crees que realmente no quiere ser duro contigo,
pero su condición social se lo impide. Ante ti se encuentra, en persona, el
director general. O el presidente. O lo que sea. La denominación nobiliaria te
da un poco igual. Es el que más manda, vaya. Lo demás, sobra.
No te ha dado ni los buenos días. ¿Para qué, si es un
semidiós? Eso es para pútridos y ruines mortales. Tampoco se ha molestado en
carraspear antes de interrumpirte. No le hace falta.
-Ehhhhh......-de todos los vocablos, te sale un eh. Con la E muy larga, claro. Como si
fueras una oveja acojonada. Podrías haber dicho nada, como si se lo dijeras a tu padre cuando sabes que te va a
caer una bronca. Pero has dicho EH. ¿Es acaso decente? te preguntas. ¿Cuatro
años de formación para acabar diciendo eeh?
Cuatro pares de ojos se clavan en ti y tú rememoras un
clásico.
¿Acaso si me
pincháis no sangro?
-Estoy haciendo ESTO-y
escupes la frase y la explicación con la misma voz con la que presentaste el
proyecto final de carrera. Los cuatro pares de ojos se retiran de tu nuca y ya
no sientes que te tiemblen las rodillas.
Uf.
Va a ser
verdad, es mortal.
Por debajo del tupé atisbas que la frente se le arruga, igual que el bajo
del pantalón de traje. ¿Una mueca? Para empezar, el señor director general, que
vive y domina el tercer piso, no suele bajar a galeras a ver cómo reman los
esclavos. Él es un señor de corbata y no mancharse. Tú acabas de llegar y no te
esperabas esto. Quizá es normal, piensas, una bromilla de novatos. Lo de
presentarse así y hacer "¡buh!". Por la cara que han puesto los
demás. No, no lo es. Resulta que va en serio, alguien se ha fijado en tu
trabajo y se ha parado a preguntarte por él.
Cuando el señor del traje se marcha escaleras arriba y mientras escuchas
el eco de sus suelas retumbando por el edificio, sientes que has estado a la
altura, que no solo de novatadas se vive y que, desde luego, ahora no puedes
echarte a dormir.
Natalia Pérez Cameo, Zaragoza, Febrero de 2012
viernes, 9 de diciembre de 2011
Estaticidad
No es el ruido el que domestica
el silencio.
Ni la naturalidad del tiempo es
congelarse, pero aún así nos empeñamos. Luchamos contra el cronómetro, buscamos
una calma que no existe en ninguna parte y la clavamos en la esperanza. Una
esperanza en nuestras cabezas, en el incesante discurrir de momentos como un
absoluto al que aspiramos, con villanía y sin belleza.
No es el nervio el que busca
“ese” otro momento.
Nada, como las entrañas nerviosas
que te dicen que algo viene.
Ni hace un siglo se escribía como
se escribe ahora.
Pero las barrigas miden la
sensatez de nuestras inversiones. Esas barrigas que nos dicen, que la
naturalidad hay que buscarla en lo estable. En asentar las cosas, construir un
futuro, en arreglarte un mañana. Un aprender a intentar parar la rotación de la
tierra y encontrar la estabilidad en el camino a la tumba.
Nos pasamos toda la vida con un
proyecto de mente, como si eso fuera lo que hay que hacer. Desde que vienes al
mundo, te van amueblando la cabeza con sus ideas. Te construyen un camino
basado en lo que la mayoría dice, decía o decide. En lo que se supone que hay
que hacer. Empiezas en primaria y terminas una carrera. Un fotograma y la
película ha cambiado completamente. Piensas que eres dueño de lo que has hecho,
pero realmente: ¿Cuántas decisiones han sido tuyas? ¿Cuántos momentos has hecho
aquello que los demás pensaban que estaba “Bien”? ¿No habrás aprendido mucho
más de aquellos errores? ¿De todos los disgustos que te llevaste?
Ni bodas que se divorcian,
Ni amigos que son enemigos.
Ahora que no sobra el dinero, te
piden, más que nunca, que seas como ellos. Que aceptes sus decisiones y que te
construyas en su ejemplo. Alimenta tu barriga con la gula del trabajo. Revienta
de obesidad mórbida en una buena carrera, siendo exitoso. Alimenta tu panza con
el tiempo acumulado, conviértete en un hombre de provecho.
¿Provecho para quién?
Esos son los viejos tiempo,
Memorias que entre sueños se
escapan como aquellas ideas brillantes que tan solo lo sueños pueden atreverse
a cultivar y duran poco más que el parpadeo del instante antes de olvidarlas.
Ahora es tu tiempo,
Que tus errores sean tuyos,
Pues una mayoría no son tus
decisiones, no son tus errores, no son tus experiencias.
No dejes que aquellos que se han
alimentado bien, decidan tu dieta. Disfruta, cómete mil errores, aprende mil
lecciones. Nada es estático, todo se destruye. Porque al final lo que te
quedará es el camino que has seguido, el tuyo o el de ellos.
Sé tu
futuro.
Disfruta de tu camino.
Gabriel Jiménez Andreu, Berlin, 2011
sábado, 26 de noviembre de 2011
La otra realidad
Muchas veces pienso que si a día de hoy volviera a estudiar mi carrera le
sacaría muchísimo más provecho del que saqué en su día. Pero al acabarla, me
daría cuenta, una vez más, de lo poco me serviría lo que he estudiado.
Resulta que por más investigación que hagas, por ejemplo, sobre el color
indicado para el logo tal y estando 100% segura de que es el color idóneo. Es
más, que ningún otro color puede competir con éste y dediques cuatro
diapositivas de la presentación a razonarlo. Llegará la directora de cuentas de
turno que se ofenderá por tu elección, ya que coincide con el color del jersey
que le había regalado su ex al que odia y tendrás que poner un rosita palo que
es el que a ella le gusta.
Esta es la otra realidad, la que me hace preguntarme:
¿Para quién diseñas? ¿Qué importancia tiene la decisión del DIRECTOR de
arte en temas de dirección de arte?
Al fin y al cabo quien va a pagarte por lo que haces es la agencia. Quien
va a estar contento con lo que haces es la agencia. Quien va a juzgar tu
trabajo es la agencia, por tanto, y lamentándolo mucho, siendo un principiante
o un becario poco tienes que hacer si no eres capaz de saber qué le gusta a tu
jefe.
Así que prepárate para meter estrellas a mansalva, logos de marca por
doquier y camioncitos volando…
Es más, nosotros tenemos que saber los gustos de nuestro director de arte.
Pero éste tendrá que defenderlos frente a quien corresponda y es entonces
cuando vendrán más cambios. Pero eso no es todo (tomad nota porque ésta
es una frase muy recurrente en una presentación), una vez mandes el diseño al
cliente te dirá que el rosa palo no le convence mucho y que tendrá que
discutirlo con su mujer, que es a fin de cuentas la que manda en casa.
Conclusión: sed muy buenos utilizando photoshop, illustrator, etc. Porque
cuantos más recursos tengáis para cambiar las cosas y trabajar sin
limitaciones, sentiréis que perdéis menos tiempo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






