lunes, 15 de octubre de 2012

LOTERÍA NACIONAL. UN OBJETO DE DESEO


Bien es sabido por todos que este año se celebra el bicentenario de la Constitución de Cádiz de 1812. Sin embargo, pocos saben que tan solo quince días antes de la proclamación de “La Pepa”, tuvo lugar en la misma ciudad el primer sorteo de la Lotería Nacional tal y como la conocemos hoy en día.

En sus doscientos años de vida, el décimo de lotería ha evolucionado paulatinamente manteniendo esa esencia que le ha llevado a convertirse en un objeto de deseo para muchos coleccionista. Tal es así, que si el lector desconfía de mis palabras, le invito a que se deje caer una mañana de domingo por las cercanías del Campus Universitario de la ciudad de Zaragoza para comprobarlo.

Si  hoy en día usted fuera a comprar un décimo de Lotería Nacional a cualquier administración, y lo comparase con el primer décimo que salió a la venta en 1812, se percataría de sus notables diferencias tanto en la apariencia visual como en su precio.

Diez reales fue el precio que tuvieron que pagar los ciudadanos de aquella época por adquirir un décimo por el que hoy en día muchos pagarían cantidades inimaginables. El coste que el cliente debe abonar para poseer uno de los miles de números que entran en el bombo, ha evolucionado a lo largo del tiempo. Sin embargo, bien podríamos decir que el precio actual no es propio de los tiempos en los que vivimos. La ilusión se paga cara.

No obstante, para muchos el décimo comienza a cobrar importancia una vez pasado el sorteo. Es más, su valor es proporcional al tiempo que ha pasado desde el sorteo en el que tenía validez alguna.
Su apariencia visual, su diseño, su tacto e incluso su tamaño, son algunas de las características que le dotan a este pequeño “trozo de papel” de un valor económico y sobre todo emocional.
Las técnicas de impresión propias de cada época, son las principales responsables de la apariencia de estos objetos.  El décimo más antiguo está impreso en un papel amarillento sobre el que solo se plasmaron elementos decorativos típicos, y los caracteres necesarios a modo descriptivo  informando del sorteo y del número correspondiente que su poseedor jugaría. Por supuesto, todo ello en tinta negra. Aunque no siempre ha sido así, actualmente, se emplea el mismo color de tinta que se utilizaba en su inicio, para indicar la información verdaderamente “importante” para el jugador.

No será antes de 1950 cuando se empiece a incluir imágenes con distintos motivos a los décimos de lotería. Dichas imágenes, varían de un sorteo a otro y siempre tienen un significado especial (deportes, esculturas, fechas significativas…). Ese fue el momento en el que muchos de los coleccionistas hicieron hueco en sus cajones para los décimos de lotería nacional.

Los clientes con una cierta edad, los de siempre, los de toda la vida, tendrán la sensación de que el décimo se ha estancado. Su apariencia apenas ha evolucionado en las dos últimas décadas (desde 1991). Esto podría llevarnos a pensar que existe una clara despreocupación por el aspecto de los billetes. O que hace veinte años se interesaban más por lo visual. Pues no. La verdadera razón no es más que la falsificación. Antes de que se incorporasen los códigos de barras, había auténticos especialistas capaces de falsificar los números del décimo. Por ello, existía una continua preocupación por conseguir diseñar una tipografía incapaz de falsear. Una preocupación que a los ojos de un amante de lo gráfico resultaba excitante. Una preocupación que se ha perdido, y con ella la creatividad en el mundo de las loterías.

Llevan veinte años con el mismo décimo, veinte años chafando la emoción y la ilusión de gran parte de los coleccionistas en los que me incluyo. El cambio es lo que muchas veces da valor a las cosas. Si su tipografía, composición, color o tacto cambiasen, nos alegraría la vista a muchos. Y probablemente, empezaríamos a mirar con ojos de deseo, admiración y melancolía, a los horrorosos décimos que hoy están colgados en la ventanilla de la lotería del barrio.


Isabel Jiménez Polanco, Zaragoza, Octubre 2012











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