viernes, 22 de febrero de 2013

Álbumes. Biffy Clyro - Opposites CD1 (2013)


Álbumes
           
A través de esta palabra de sonoridad sensual y grafía extraña se abre una sección cuya fuerza radica en su carácter anacrónico y desubicado. Anacronía debido a que se propondrá la escucha de un Álbum (*) en un momento en el que su concepto ha dejado de tener sentido en favor de la composición personal de canciones sueltas, sencillos, que no tienen por qué ser escuchados de manera completa para pasar al siguiente tema. Donde la estructura auditiva se desplaza desde la voluntad más o menos teleológica de los creadores hasta el capricho del oyente y sus listas en continuo cambio.
Desubicado porque si bien nos situamos en lo que plantea un álbum como totalidad, ésta no puede ser más que abierta; es decir, una propuesta cuyas huellas desaparecen en la medida en que camina. Así, durante el recorrido sonoro, surge un microrrelato que  establece otro tipo de álbum; aquel compuesto de retazos que no tienen ninguna relación necesaria ni con éste ni entre sí, pero que en su movimiento susurran algo así como una posible historia, siempre breve e inconclusa (con una temporalidad diferente y menor de lo acontecido), a la que ya no se puede volver mediante la repetición que supone abrir el porfolio de nuevo. Por ello, en estas líneas no se expone una contextualización o explicación de los pasajes musicales; mucho menos la búsqueda de su verdad, significado o Ser. Tan sólo duran hebras escritas como secreción simultánea de un viaje placentero, de una aventura microscópica.

(*) Con su correspondiente enlace en streaming al principio del texto siempre que sea posible.



Un número desconocido de fantasmas parpadeaban aleatoriamente transformando porciones de sus halos en carne. Dubitativamente, por temor a caer al vacío tras un impulso demasiado entusiasta, en aquellos precisos intervalos intentaban confluir con otros tactos, capaces en el encuentro de producir movimientos acompasados; salidas.
El último pedazo de cuerpo, corpúsculo, pudo rodar por un campo de sol sin comprender qué o quién le cegaba cuando el cielo absorbía todos los colores. Pero éste era tramposo pues a él no le admitía.
Gritó. Como si las lágrimas pudieran crear un núcleo con la densidad suficiente.

  –No sé si sabría contarte más sobre mi pasado… –dijo con la sinceridad de una lengua sin necesidad de dientes ahora que los golpes se los habían arrancado y su vida de espectro disolvió partes antes inflexibles. Esto es, con aquellas palabras que tras todo el bagaje, por una u otra razón sólo podían ser francas.
  –Nos acabamos de conocer y ya estamos cansados de todos los fracasos previos. Ni siquiera en la ilusión del inicio somos capaces de soportar algo de lo que tampoco tenemos mucho más que decir.
  –Sí. Es una buena señal, ¿no crees? Nuestra fatiga nos obliga a alcanzar el fin mucho antes de tomar la velocidad normal.
   –Quieres decir… ¿que de alguna manera hemos liberado al tiempo?
  –Exacto. Podemos inventarnos nuestro propio pasado. Será más real que cualquier recuerdo olvidado.
  –Aunque no creyera en el amor, no quiero perder el momento en el que tu voz perdida y mis ganas de gritar se reunieron en el karaoke.
  –¿500 días juntos?, ¿en serio? Que cutre. Prefiero un encuentro casual en un mercado neoyorkino. Primer punto de una espiral de autodestrucción y placer que nos duró nueve semanas y media… 
  –¿Y Tokio con nuestras diferencias insalvables? Entre la amistad surgida a través de encuentros casuales intermitentemente. Debido al intento de alquilar el mismo apartamento. En un viaje en tren por Europa con una noche vienesa bien exprimida intelectualmente. Por favor, no me hables de cartas que viajan en el tiempo.
  –Y más allá aún. Hemos reído hasta quedarnos sin oxígeno dentro de castillos hinchables en fiestas playeras crepusculares; hecho el amor en el intermedio de una de tus entrevistas de trabajo; atracado la tienda familiar para gastarnos todo el dinero en el casino disfrazados de personajes de Futurama; viajado a
  –Espera, espera; ¿y el drama?, ¿y cuando te jugaste la vida en una carrera de motos tras nuestra discusión?, ¿y si llegas a morir? ¿Dónde están las lágrimas? Nada parece irreversible ni inevitable.
  –Jajajaj; está bien. Mmm… un momento crítico fue cuando me rencontré con mi ex e intentamos, durante un instante, volver a ser amigos, sentir cariño.
  –Eso ha sido un golpe bajo. No sé ahora mismo dónde te encuentras, ni siquiera si esto es necesario. No es justo que filtres otros relatos envenenando éste. Tus propias historias, no puedo volver a oírte hablar sobre la importancia de tu ex… Pero yo creía… Casi matas lo único que nos queda; la imaginación. El único tiempo radicalmente abierto, que nos permite respirar sin necesidad de que estemos acuerdo, de armonía o coherencia. El único lugar absolutamente cerrado, al margen de miradas, visitas de ex con sus historias, planes de futuro y todo eso. Nunca al revés; si se invirtiera el orden entrarían las disputas y los celos. Podemos hacer lo que queramos el resto del día, fuera de nuestro relato. Allá  donde no nos creemos ningún cuento. Sin reproches.
  –Entonces, ¿para qué me necesitas?, ¿por qué no vuelves a tu soledad y lo haces sin mí?
  –Me estaría mintiendo. Toda palabra se desvanecería salpicando gotas de órganos directamente al alcantarillado, sin ecos o gruñidos.
  –No lo entiendo… Fuera no tenemos problemas… Sí… Dentro debemos crearlos… Sí… No pueden venir de otro lugar… Claro… Es nuestra alternativa. Las relaciones con un pasado impuesto son escasas, y las pocas que restan aguantan su desgaste mediante planes de futuro. No tienen presente. Pero sin pasado nuestro presente no resistiría a los ataques cotidianos. Lo abandonaríamos.
  –Jajaja, nuestra primera discusión será demasiado retorcida. Ni siquiera sé de qué película la sacamos.
 –¿Europea, Asiática? Me tranquiliza saber que todavía queda mucho hasta que la suframos, y tras haber pasado todo lo que hemos pasado es muy probable que la superemos.


Úrsula, Barcelona.

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